15 de mayo de 2023. Mánchester

Al volver a casa, después de 36 horas de ausencia, Gordita maúlla. Dice algo. Después espera a que dejemos de trajinar y nos recostemos en el sofá, para sentarse exactamente enfrente de nosotras. Dice «yo me quedo aquí, a vuestra vera. Pero no demasiado cerca. No me agobiéis. A vuestra vera nada más». Ese es el amor que me conmueve: el de quien quiere compartir el mismo espacio que tú, en silencio, porque tu sola presencia le basta para hacer la habitación más confortable.

Hay algo en la distancia que guardan los gatos que me recuerda a mi propia distancia conmovida frente a las cosas.

La miro y sonrío. Después cierro y abro los ojos despacio, porque dicen que eso es lo que hacen los gatos para comunicar afecto. Espero que me entienda. Como ya perdimos a Fudge, esta vez estoy más preparada para comprender que un día tendré que despedirme. Mi problema (o uno de ellos) es que siempre pienso en la muerte.

En Liverpool el sol brillaba para todos y cualquier persona llevaba en su camiseta o en su sonrisa un mensaje de inclusión, aceptación y europeísmo. Era como estar drogado o vivir un sueño. Por eso pensé, con el tercer vino de la tarde, que acabaré mudándome allí, porque las calles son más anchas, el cielo más azul y al fondo se ve el mar. No entiendo como hay personas que pueden vivir sin hacer planes de cambio cada cierto tiempo. Yo siempre he vivido abrumada por la cantidad de posibilidades que tenemos y somos.

Nada más empezar el espectáculo tuve un ataque de ansiedad. Me tuve que ir al baño con el estómago fatal, pero lo cierto es que, al salir, tomé aire y empezaron a sonar las primeras notas de la actuación de Francia. Me precipité de nuevo al interior del teatro, coreé el estribillo con un francés que no hablo como si la vida me fuera en ello y abrí una lata de vino espumoso inglés, cortesía de los organizadores. Y punto. Se acabaron las tonterías. Yo estoy al mando de mi miedo ahora, y lo estoy porque he invertido mucho tiempo en aprender a hacerlo.

Vienen días de sol. Somos felices porque podemos tender la ropa afuera y sentarnos en los jardines con una copa de vino. Porque nuestros animales están más relajados y la hierba es de un verde tan intenso que los ojos nos brillan al mirarla.

Hemos de recordar estos días cuando se vaya la luz.

Un comentario sobre “15 de mayo de 2023. Mánchester

  1. Tú lo tienes fácil, Fudge, como no podría ser menos, es una perfecta lady, y cabe esperar de ella el comportamiento más exquisito. Mi Perci, a pesar de ser «de marca» o directamente pijo, con título nobiliario y todo (es Sir Percival de Camelot, el de corazón puro, creo que ya te lo he dicho) tiene su puntito choni, y con la edad se ha vuelto un viejo un poco malhumorado y gruñón, cascarrabias, muy exigente. Él demanda que yo me tumbe en el sofá de espaldas, para poder derramarse sobre mi pecho cuan gato es. Si no lo complazco y me tumbo de perfil, me maúlla con muy mal tono. Si no le hago caso, se me acerca a la cara, me toca con la pata, pone ojitos y maúlla lastimero, ahí me gana, no hay nada qué hacer. Se me hace una sensación muy extraña, ambigua, tener ese animal sobre mi pecho, se ve tan plácido que no parece real, y me gusta pensar que eso tiene algo que ver conmigo, aunque lo he visto así en una caja de zapatos. También le miro a los ojos y parpadeo, alguien me lo dijo, no sé si funcionará y piensa que soy el humano perfecto o un poco gilipollas, no descarto ambas cosas. Este verano cumplirá 17 años, con el calor de verdad dejará de dormir sobre mí, se le habrá pasado el afecto térmico al jodío…y se diría que tiene la inmensa suerte de de no vivir abrumado por la cantidad de posibilidades que tiene. Trato de aprenderlo esto de él, pero no doy para tanto.

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