21 de diciembre de 2021 (solsticio de invierno). Vitoria-Gasteiz

En este patio vecinal, donde un hombre se mató tirándose al vacío hace 3 o 4 años (me despertó el sonido de su cuerpo contra el suelo, a las 7 y media de la mañana), un chico ha puesto en su balcón unas lucecitas navideñas muy sencillas. Cada vez que las miro siento pena de su belleza absurda.

Los días van a empezar a alargarse. A veces en la cama me pongo a imaginar cómo es que la Tierra rota, y gira, y cómo su posición, su constante mecanismo, a veces nos causa ansiedad o depresión, porque nos priva de luz suficiente para respirar. Cuando te falta la luz te sientes mareado y te falta el aire. Buscas consuelo, como las lucecitas del balcón del vecino de mis padres; y a veces te conformas.

Afuera hay mucho ruido. Las personas sufren y están enfadadas. Una querría cambiar las cosas; eso sería lo correcto: hacer de este mundo un mundo mejor. Pero mi lucha a brazo partido es a favor de mi supervivencia. Así que abro Internet, y abro mi pecho, y mi mente, y miro todos esos lugares, personas y animales que existen verdaderamente, ajenos completamente a este discurso, a esta mentira, a esta irresponsabilidad pazguata y limitadita, que da valor a cosas que no lo tienen. Creo que es la primera vez en la Historia que debemos huir A la realidad, en vez de esquivarla. Tenemos una batalla que librar para mantenernos en la realidad.

En el mundo existe la muerte, pero sobre todo la vida. En cada rincón, la esperanza prolifera en forma de pequeñas criaturas. El Sol saldrá un poquito antes cada día, y se pondrá unos segundos más tarde. Las órbitas planetarias siguen su curso, y nada hay más poderoso que eso. Ni siquiera nosotros, las pulgas agarradas a los pelos de este planeta que gira. Hay misterio en ello y, a la vez, no lo hay. Queremos que las cosas sean mágicas, porque anhelamos trascendencia, y nos hemos vuelto cobardes para abrazarla. Así que la gente va a Stonehenge a por su dosis anual de misterio. Pero al final no verán nada, excepto la confirmación de las leyes de Newton.

Solo quiero que sepáis que no creo que la vida haya de vivirse con este miedo pequeño engrandecido en el discurso del poder. Vivimos una época difícil; tenemos que escoger constantemente qué grado de realidad queremos darle a nuestras vidas (para eso es indispensable renunciar completamente a los medios de comunicación), y las mentiras se combaten solo con otras mentiras peores, porque sufrimos una epidemia de ignorancia. Pero yo sé que las nutrias, cuando duermen en el agua, se cogen de la mano. Y eso es la verdad.

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