8 de febrero de 2021. Mánchester

Tengo un pensamiento extraño, de que algunas personas solo tienen hijos para estar ocupadas. Un día están en el mundo, lleno de incertidumbres y de fragilidad; de vacíos y de inconsistencias, y al otro ya no tienen que preocuparse de nada, porque son transportados a una dimensión en la que no hay tiempo para pensar. Una tarea, una misión: criar a un ser humano. Ya no deben tener miedo de quedarse a solas con ellos mismos nunca más. Lo sé porque los veo felices; no de alumbrar un hijo, sino de no estar presentes.

Me imagino lo que pasaría si escribiera esto en las redes. Todos los «santopadres» llamándome amargada. Con faltas de ortografía.

No busco la polémica, ni tampoco las certezas. Y, por supuesto, no estoy generalizando. Solo es un pensamiento que he tenido hoy. Al final, esto es lo que me molesta profundamente de los seres humanos: su arrogante certeza respecto a todo.

El algoritmo de Facebook funciona, tengo que decir. Llevo tantos meses protegiéndome que ya solo me aparece filosofía, pseudofilosofía, gatitos, naturaleza y un poco de comida y bebida. He sabido usar las armas de destrucción sesgada de Facebook para mi propio beneficio. Alguien podría argumentar que es más sencillo eliminar Facebook. Cierto, pero ¿qué sería de nosotros sin vídeos de gatitos?

Nieva intermitentemente desde ayer; es una nieve leve que nunca cuaja, pero a veces, desde la ventana, veo remolinos blancos arrastrados por el viento y me siento transportada a otros lugares que no existen, un reino de Oz hecho a mi medida. Es hermoso; sin embargo, añoro tanto el calor (la despreocupación de mi cuerpo bajo el sol, la sensación de volver a empezar) que mi admiración se despliega cauta y algo rencorosa.

Me parece una absoluta desventaja nuestra capacidad de recordar, anticipar e imaginar. Si solo fuéramos lo que debemos ser, en cada estación…

2 comentarios sobre “8 de febrero de 2021. Mánchester

  1. A veces me sorprende ver cómo comentas cosas que había pensado,o me resultan cercanas. Hace ya años, hablando con uno de mis cuñados de ciertos problemas, te advierto que mis cuñados son personajes como de Eduardo Mendoza borracho y hasta arriba de tripis, me contestó que lo que teníamos que hacer M y yo era tener «dos pelaos» para dejarnos de tanta tontería. Así que sí, parece que funciona. No he tenido hijos, que yo sepa, pero muchos de mis amigos son padres, y creo que entre buenos y muy buenos, pero eso no siempre pasa. Para conducir un vehículo tienes que hacer un curso y aprobarlo, luego te dan el carné. Igual esto es un horrible desvarío eugenésico, pero no entiendo que para tener hijos no haga falta otro tanto. Solo hay que echar un polvo, y ni siquiera bueno, la jodía biología…no sé si todo el que lo hace debería tener hijos. Yo no me atreví, me pareció demasiado difícil. Pero ya digo, igual soy mala gente…en fin, menos mal que nos quedan los vídeos de gatitos. Besos.

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    1. Hola, Andrés. No te imagino con un «mini-yo» (o sea, mini-tú), pero lo mismo hubieras sido el mejor de los padres. Yo no quería referirme a la buena o mala paternidad, sino a la gente que (igual hasta siendo padres medianamente aceptables) tienen hijos para no enfrentarse a otras decisiones, para ocupar todo su tiempo, para agobiarse heroicamente y no tener otro tema de conversación, para no hacerse cargo de ellos mismos. Igual es un pensamiento raro. En fin, me ha encantado lo de Eduardo Mendoza borracho.

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