27 de noviembre de 2020. Mánchester

Hablemos de la irritabilidad como síntoma. De todas las veces que te crees un ser despreciable, y de todas aquellas en las que te sorprendes pidiendo perdón. Hablemos de no querernos, de no gustarnos. Hablemos, quizás, de que estar de mal humor no es algo que te define y que forma parte de ti porque eres gilipollas, sino solo un síntoma del miedo. Hablemos de que, a pesar de ello, te sientes culpable.

Es una posibilidad, hablar de ello. Pero normalmente preferimos callarnos.

Desde que las ardillas se han dado por vencidas (no hubo manera con la tapa metálica), han vuelto los pájaros. Decenas de herrerillos picoteaban hoy el alpiste y llenaban de vida un jardín muerto, oscurecido, raquítico. Es un jardín tan triste el de este invierno, que casi no lo reconozco. Doy gracias por los pájaros.

Sí, ya sé que oficialmente seguimos en otoño.

Tras un breve intercambio de emails con mi tutora, me ha sugerido que escriba el trabajo para subir nota sobre la justicia. Ha venido a decirme que, si lo que más me interesa realmente es la ética, no tiene sentido que escriba de otra cosa (en una palabra, que hay que escribir de lo que a uno le apasiona, también para subir nota). Sócrates y la justicia. O la justicia en los presocráticos. No sé cómo no se me había ocurrido antes. Estoy emocionada ante la idea.

Para Sócrates no había personas malas, sino personas ignorantes. Hasta hace poco yo no estaba nada de acuerdo, pero creo que si enriquecemos ese punto de vista con los matices de las sociedades actuales, en el fondo no le faltaba razón. No hay más que fijarse en toda esa gente que se considera a sí misma buena, solo porque desconocen por completo lo que es el Bien de verdad.

Mientras tanto, cada vez que salgo al jardín es para pedir un poco de perdón para mí misma. A veces lo obtengo. Tengo el socrático subido últimamente.

Un comentario sobre “27 de noviembre de 2020. Mánchester

  1. Interesante reflexión. Sí creo que se puede hacer daño desde la ignorancia, de la misma forma que creo también que se puede hacer daño desde la plena conciencia, saberlo y alimentarlo, pero claro como no hay delito penal, no encaja esa categoría de la maldad. Eso es para otros, los malos.
    Es exactamente lo que dices, desconocer por completo lo que es el bien de verdad.
    Un abrazo.

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