15 de noviembre de 2020. Mánchester

La gente nos salva. Existen las personas que traen nuevas vidas, o que se encargan de cuidarlas; las que te piden ayuda porque necesitan tu colaboración en alguna tarea; y las que te ofrecen galletas de chocolate. Existe la risa. Puedo decir, por tanto, que existimos.

Cuando se tiene miedo, no es fácil distinguir la realidad de la fantasía. Es muy tentador ver solo la amenaza y el dolor, una imagen dostorsionada del mundo. Por eso es importante la gente, que camina y se encuentra contigo, que te ve con sus ojos; unos ojos en los que no eres cobarde, ni débil, ni estás constantemente amenazada por la muerte y el miedo. Sus ojos ven otra verdad, y solo ese acto te hace preguntarte por un instante: ¿cuál es la verdadera verdad entonces? Bang, salvada. Recuerdas una vez más que las cosas que te dices no son ciertas y se abre la puerta. Escapas.

Ayer tuve que ir a trabajar, a pesar de ser sábado.

Es sumamente importante intentar, en la medida de lo posible, ir a hacer lo que se tiene que hacer (a pesar de todo). Necesitamos esa maldita puerta abierta.

Las ardillas han empezado a roer las cuerdas que he puesto en el comedero. No descarto que en un par de días consigan deshacerlas y robar de nuevo el alpiste. No voy a interferir en su trabajo; quiero saber de qué son capaces.

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