Estoy en guerra con una pareja de ardillas. Roban las bolas de alpiste del comedero de los pájaros con una habilidad asombrosa. He pegado la tapa del comedero con cinta adhesiva, pero han aprendido a despegarla. Se ríen en mi cara.
No sé explicar bien por qué, pero me alegro de que esta guerra la estén ganando ellas. Me produce una especie de alivio constatar que hay seres realmente inteligentes ahí fuera. No quiero sentir que el mundo está en nuestras manos.
Mañana probaré a atar la tapa del comedero con una cuerda, y pondré comida para ardillas en un lugar aparte.