Hay una palabra en inglés que me gusta mucho: accountability. Se traduce, simplemente, como «responsabilidad», y se define como la «obligación o voluntad de aceptar responsabilidades o rendir cuentas de los propios actos» (Merriam-Webster Dictionary). La ira y el dolor que la falta de este tipo de responsabilidad causa en las personas es inimaginable. Lo conocemos bien quienes lo hemos sufrido, y quienes hemos sostenido a amigos y seres queridos que han sentido esta herida. Por las noches, no se lo decimos a nadie, pero nos acostamos con la secreta esperanza de que un rayo de karma caiga sobre la cabeza de nuestros verdugos y perpetradores; imaginamos escenarios diversos, enmendamos escenas del pasado que ya no podemos cambiar (excepto en nuestra cabeza); soñamos que el sufrimiento y la humillación más terribles les son infligidos a estas personas mientras nosotros lo observamos, impasibles, y sonreímos despacio. A veces planeamos cosas: tal vez escribir una carta, o una novela; poner una denuncia; llenar de escarnio y nombres las redes sociales; contratar un sicario. Luego no nos atrevemos. Luego pensamos que no tiene sentido. Por la mañana, con el café y los primeros titulares de los periódicos, desviamos nuestra atención al mundo real, nos avergonzamos de lo que hemos pensado. Todo está bien. Vamos a estar bien.
Pero nunca nada estará de nuevo bien del todo, porque pasa el tiempo y seguimos soñando cosas de las que nos avergonzamos por las noches. Porque siempre habrá, en ese caminar por la vida indolente y despreocupado de los verdugos, en esas palabras de disculpa que nunca pronunciaron y en esas sonrisas falsas que muestran al mundo, un poco de veneno que, involuntariamente, siguen vertiendo en nuestras bocas, de manera constante.
Deseo de todo corazón que vuestras pesadillas sean peores que las mías. Que vuestros hijos os abandonen en la vejez; y que no tengáis ni una sola mano a la que podáis llamar amiga, cuando estéis solos y temáis a la muerte. Porque quienes nunca creéis ser responsables de nada conformáis la maldad de este mundo; todo lo que es indigno de piedad y de recibir alivio, todo lo que es podredumbre y asco y vacío. No penséis, ni por un momento, que nos hemos ido de vuestras vidas sin haceros accountable de todo.