Estar con el pobre, con el desheredado, es de primero de cristianismo. Igual que estar con el obrero y el oprimido es de primero de izquierdeo.
No transijo con ninguna de estas dos cosas, y me importa muy poco las etiquetas con las que os guste vestiros. Una cosa no es verdad porque se nombre o se diga de determinada manera, sino porque verdadera y realmente es así. Esto, también, es de primero de filosofía y del método científico experimental.
Las identidades de hoy en día son fantasmagorías.
En el patio unos vecinos cantan villancicos a todo trapo con el karaoke; la parafernalia más ñoña que una pueda imaginarse. Intento entender el propósito y se me escapa. Gritar a pulmón abierto «Vivir así es morir de amor», o «Sueño contigo, ¿qué me has dado?» o «Like a virgin» lo puedo entender. Pero los villancicos no.
En general todo está bien y estoy tranquila. Solo es esta sensación de que ya no distinguimos la verdad de la mentira; y de que somos felices así.