8 de julio de 2023. Mánchester

Las famosas palabras de la antropóloga Margaret Mead revolotean estos días en mi cabeza. Ella atribuyó la primera evidencia de una cultura al hallazgo de un hueso humano con una fractura soldada. Significa que alguien sufrió un accidente (o quizás un ataque) y que alguien lo recogió y le ayudó a recuperarse de la herida. Su fractura soldó y volvió a estar bien. Según Mead, solo los humanos hacen eso. Cualquier animal hubiera sido abandonado a su suerte con su pata rota, y tarde o temprano habría muerto, como mínimo de inanición.

No sé si eso es verdad, querida señora Mead. No lo sé.

Ayer Gordita solo me tenía a mí para desenganchar su uña del borreguillo de su propia cama. El drama fue desproporcionado para la magnitud del absurdo incidente, pero sus maullidos eran tan estremecedores que perdí la paciencia y decidí cortar el borreguillo con unas tijeras. Rápido y efectivo. Deberíais escuchar a un gato sufriendo. Son las reinas del drama.

En esencia, si lo pienso bien, nos pasamos la existencia cuidando unos de otros; sacándonos del dolor (cuando podemos), o apoyándonos cuando el dolor es inevitable. Vivir es cuidar de los otros, porque siempre nos pasan cosas, pequeñas o grandes. Hay hogares en los que los humanos viven con otras especies, y todos ellos se movilizarán (a su manera) para paliar el sufrimiento cuando este ocurra. Esto es así. Estamos programados.

Odio nuestra fragilidad; y sin embargo, es lo que hace la vida valiosa. Dicen.

Deja un comentario