Este pasar de las estaciones (que observo en lo que escribo, que queda registrado en las fotografías del teléfono móvil) me instala en la fragilidad más absoluta. Las esperanzas y los pequeños deseos que dejamos escritos no pueden nada contra la vida y sus leyes. Sucederá lo que haya de ser, y en este instante nada sabemos sobre ello. Todos los inviernos, aproximadamente por estas fechas, sueño con la primavera. Pero incluso cuando esta venga, quizá traiga cosas que no prevemos ni deseamos.
Esto es lo que aprendimos hace 3 años. Y no creo que volvamos a ser los mismos.
Qué lacónica estás, me has acostumbrado (mal) a entradas más largas, pero muchas gracias por escribir.
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Hay veces que una está más locuaz que otras. Gracias por leer
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