He entrado en Twitter y alguien ha subido una foto de la primera página de «Corazón tan blanco». Esa persona estaba desolada, pero no explicaba por qué. Leí la página, sentí que mi corazón bombeaba a todo trapo. «Esto. Esto… hace tantos años. No pude pensar en otra cosa durante mucho tiempo. Esto. ¿Quién?»
No me acordaba. A veces me pasa que me ha parecido vivir en otros cuerpos y en otros mundos, y que me he llevado recuerdos vagos de ellos. Las cosas que nos parecieron tan importantes una vez, después se disuelven como polvo en la palma de la mano. Un soplo de viento, que son 20 años. O algo.
El comienzo de «Corazón tan blanco» no me ha abandonado jamás y siempre me ha producido la misma desazón. Pero no recordaba qué era, ni de quién, así que he buscado la prensa.
Así es como me he enterado de la muerte de Javier Marías.
La lluvia cae de nuevo de manera apropiada, incansable. Nuestro verano se ha acabado y pienso que el otoño es la estación de morirse. La reina Isabel II, la vecina de mis padres (la que les pidió ayuda recientemente porque estaba muy sola) y Javier Marías. No se me ocurren tres personas más dispares, pero era otoño y había que morirse.
Los que seguimos continuamos como siempre: escondiendo el miedo a que llegue nuestro otoño, temiendo más por el de nuestros padres, disfrazándolo todo de optimismo, fingiendo que uno puede leer el comienzo de «Corazón tan blanco» y seguir siendo la misma persona despreocupada.
Cuando veo una ilustración de Pascal Campion, me invade esta idea absurda de que viví en otro sitio y fui otra. Es una historia de ciencia ficción, en la que el otoño es eterno y las personas viven, en medio de alguna especie de apocalipsis, encerradas en sus apartamentos. No necesitan comprar alimentos, ni ver a nadie. Se arrebujan en sus mantas cuando llega la oscuridad. Existe la calefacción. En algunos apartamentos hay gatos y la luz siempre es perfecta por las mañanas. Todos están solos pero no echan de menos a nadie. Saben que existe un final en alguna parte. No piensan en ello.
Es lo que siento también al leer a Marías.
Septiembre nos ha caído a plomo, como una fantasía y una realidad al mismo tiempo.

