15 de junio de 2021. Mánchester

Este diario comenzó con Fudge reposando camuflada en el jardín y con la mudanza de una pareja a la casa de al lado. Fudge ya no está, y la pareja ya no existe, porque él también se ha ido, de repente.

El jardín está lleno de vida exuberante, con flores de todos los colores ofreciéndose a las abejas y otros insectos. Es ajeno al dolor que lo recorre. Poso mi pie sobre la hierba y no escucho nada, como si se hubiera apagado el mecanismo del mundo, algún engranaje que nos sostiene. Comprendo que la muerte es silencio y comprendo también que el sonido habita en muchas cosas. El sonido es un gesto.

Yo siempre le pedí que aguantara esta pandemia; que no nos dejara en medio del terror, la ansiedad y la desesperación que estábamos sufriendo, porque no podríamos soportarlo. Cumplió fielmente, y esperó a que floreciera el sauce. Creo que siempre me vio como alguien bueno, justo y amable, pero débil.

A veces pasan gansos, o algo parecido, sobre el jardín. Me pregunto si la echan de menos aquí abajo. Más probablemente, ni siquiera nos prestan atención, ocupados como están en sus trayectos y sus obligaciones. Todo tiene un lugar, un objeto y un propósito: es la máxima convicción estoica.

No sé cuándo cesará este silencio, esta calma pesada que se derrite sobre los objetos y los cuerpos, y que me asusta. Cuando pase, seré otra persona, puesto que he amado.

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