16 de marzo de 2021. Mánchester

DEL EPITAFIO DE JOHN KEATS

Escribid mi nombre también en el agua,
que en nuestra tierra es la lluvia
quien define la silueta de los hombres.

(Kirmen Uribe)

La gente asiste asombrada al aniversario de una pandemia. Durante el fin de semana el agua caía por los canalones de la casa; chorreaba en la madera de la valla que rodea el jardín. A ratos intermitentes, nos obligaba a subir el volumen de la televisión o de la música. La tierra lloraba. Todo se escribe con agua en este lugar, incluso nuestros corazones y sus fluctuantes emociones. En mi cabeza se han creado hábitos nuevos: calculo la lluvia por días, no por horas; suspendo planes durante una semana; sueño con retomar las cosas en plazos largos (tal vez el próximo fin de semana…). Esto proporciona una diferente medida del tiempo y de nosotros mismos. Hemos de aquietarnos; la lluvia cesará cuando ella quiera y no nos tendrá en cuenta, porque, definitivamente, ella es más importante.

Tal vez por eso he sido capaz de llegar hasta aquí. El pasado fin de semana comenzó una cuenta atrás de 30 días. Llevamos encerrados en nuestras casas (excepto para las compras de alimentación y el disfrute de los parques) desde el 23 de octubre de 2020.

Ahora estudio a los estoicos. Su orden universal, regido por el logos, al que el sabio se somete y se abandona, en el que todo está determinado y todo es perfecto, me seduce a ratos, pues no hay nada más tentador a veces que rendirse. Que otros escriban la historia, que otros decidan sobre el bien y el mal. Que el mundo gire en su orden perfecto y predeterminado y me arrastre con él.

Los pájaros acuden numerosos tras la interrupción de la lluvia, tan hermosos y alegres y seguros de sí mismos. Y me emociona mucho comprobar su fuerza y su impulso vital, su desafiante proclamación de estar en el mundo. Son los únicos que no han sufrido; los únicos que no deben lidiar con el dolor ajeno ni hacer esfuerzos por comprenderlo. ¿Cuándo hemos dejado de comprenderlo nosotros?

«Los animales no han sufrido», me repito para consolarme. Hoy he escuchado por primera vez el canto de un acentor (Prunella modularis) y me ha gustado tanto que he sonreído. Deberíamos prestar más atención a las cosas.

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