Cuando envías a una mujer inglesa al supermercado, vuelve con una tarrina de helado y dos tartas individuales de limón; dos almohadas blandas y enormes para colocar sobre las otras almohadas más planas, de forma que cuando no me encuentre bien pueda sentirme como una condesa dando su último aliento en su riquísimo lecho de muerte; semillas de tomate (en rama, pequeño, el que sobrevive mejor aquí) y de Cosmos atrosanguineus (también llamada flor de chocolate o cosmos encarnado), porque no hay que olvidar que dentro de un mes ya podremos plantar flores de nuevo; un paquete de bragas que estaban en oferta; una espátula de madera pija que brilla como si fuera de caoba, porque se nos rompió la que teníamos; y mucha comida (incluidas salchichas de las buenas).

Cuando envías a una mujer inglesa al supermercado vuelve recordándote que hay una manera correcta de hacer las cosas y de cuidar de las personas, y que la vida en realidad es simple, si no fuera por el enemigo que habita en nosotros.
En medio del miedo más atroz, salí a la puerta de la casa en mitad de la noche, con el abrigo precariamente colocado a toda prisa y mis zapatillas. Nevaba grandiosamente, sin medias tintas; copos enormes y jugosos, como plumas de pato, dejaban belleza sobre los coches, las piedras y las casas. No sobrevivió a la madrugada, porque la lluvia aquí siempre manda, pero estaba cayendo en ese momento todo lo que podía caer en forma de nieve en este rincón, pequeño y concreto, del mundo. ¿Cómo puedo tener tanto miedo en medio de esta belleza? Y es, puedo decirlo, una sensación extrañísima: de gratitud y esperanza, y de desamparo al mismo tiempo.
Detrás de los setos dos gatos sin dueño reñían. Uno de ellos emitía un sonido agónico, de dolor angustioso. Me hizo sentir más miedo.
Describa usted el miedo: es cansado. Es lo más cansado que hay. Miraba al cielo a través de los copos de nieve; todas esas estrellas y planetas de los que no sé nada, porque nunca me gustó la ciencia (y bien que lo lamento ahora). Y pensé que estoy tan agotada, casi un año después, que la mujer inglesa va a tener que hacer muchos viajes al supermercado cuando todo esto acabe.