21 de noviembre de 2020. Mánchester

Esta mañana, al abrir la puerta trasera, he encontrado a la rata muerta frente a la gatera. Estaba perfectamente colocada a los pies del escalón, como si hubieran hecho cálculos de simetría antes de depositarla ahí; un hilo de sangre, ya seca, había estado manando de su cuello.

Cada vez que Fudge hace esto, me hace sentir muy frágil. Observo el cuerpecillo muerto, intentando distinguir los signos de la no existencia. No veo nada extraño ni distinto. Lo que sea que nos habite, cuando se marcha, deja solo una carcasa que no se distingue especialmente de los cuerpos habitados. Podría estar durmiendo. Se me escapa el significado de lo que somos.

Las ardillas han aflojado los nudos de la cuerda y se han llevado hasta la última miga de alpiste. Bien por ellas. Para el siguiente estadio del experimento, hemos comprado un comedero con tapa metálica y a rosca. Abrirlo requerirá que una ardilla sujete el comedero mientras la otra desenrosca la tapa. Creo que esto ya es pedir mucho. Veremos. Hoy es un día de lluvia fina e incesante. Quiero que llegue el solsticio de invierno para que los días empiecen a alargarse. Este año no tengo paciencia para la oscuridad.

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