7 de agosto de 2020. Vitoria-Gasteiz

36 °C y una sensación angustiosa de que todo está seco, hasta el aire que respiro. Echo de menos la puerta trasera, que siempre, siempre te promete frío en la mañana.

Caí en un pozo los días pasados. Y después de caer, nunca pasa nada. Esa es la verdad que aprendes: que te morirás cuando toque, y no cuando a tu cabeza se le antoje. Pues mira, está bien saberlo.

Cualquier persona con dos dedos de frente (y, por supuesto, los profesionales de la salud) te recomienda que no entres en Facebook. Está prohibido. La razón cae por su propio peso: Facebook es el mayor generador de ansiedad que existe, porque está lleno de gilipollas. Los gilipollas estresan un montón. Sin embargo, yo quiero conocer de qué está hecho el mundo y a qué nos enfrentamos; porque si quiero estudiar filosofía en octubre, tengo que saber cuáles son los problemas reales sobre los que debemos reflexionar. Facebook es una escuela inmejorable para ello. Está lleno de odio.

Vivimos una época negacionista, parece ser. Que si la Tierra es plana, que si el Covid no existe, que si las vacunas matan, etc. Ahora parece haber también un negacionismo de la enfermedad mental causada por este fenómeno pandémico (el fenómeno incluye la pandemia vírica propiamente dicha, más el discurso de la prensa, más el oportunismo político). Se multiplican los comentarios del tipo: «¿Y por qué tiene depresión la gente? ¿Porque no se pueden ir de vacaciones?»; «Sí, claro, con tu ERTE tranquilamente tumbado en el sofá de tu casa, cobrando sin hacer nada. Menuda ansiedad».

Increíble, lo sé.

No cabe comentar que estas personas ignoran lo que es la ansiedad o la depresión. Obvio. No cabe comentar que sienten rabia, envidia y mucha angustia. Obvio. Eternamente me sorprenderá, sin embargo, por qué la gente que ignora algo decide, irónicamente, que es experta en ese algo. Si yo no conozco el dolor de alguien, diré que no sé cómo se siente. No me queda otra cosa que ofrecer. Pero sobre todo, si alguien me dice que sufre, yo no voy a cuestionar si realmente sufre. Nadie necesita mi consentimiento para sentir ni para ser. Puedo no entender tu dolor, pero no voy a negarlo.

Esto va más allá del efecto Dunning-Kruger. Las personas armadas con una red social y conexión a Internet se creen dioses y deciden sobre la propia realidad que yo percibo. Para ellos, cuando digo que tengo ansiedad, miento. Su ignorancia se convierte así en un gigantesco efecto de luz de gas que se expande por las redes sociales y permea nuestra vida, nuestras realidades, nuestra autoestima, nuestra capacidad de resiliencia, nuestra percepción de nosotros mismos.

Os voy a contar una verdad que me ha sido revelada: la causa de la mayor parte de los cuadros de ansiedad son los gilipollas.

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